martes, 15 de septiembre de 2026

Curiosidades culinarias: el baño de María

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Es probable que la mayoría de nuestros lectores conozca la técnica culinaria que consiste en cocinar sumergiendo un recipiente con alimentos en otro mayor lleno de agua hirviendo.

Así, por ejemplo, preparamos un delicioso dulce al cocinar la leche condensada dentro de su envase original. Mediante este método, los ingredientes no sufren el efecto del calor directo de la llama, lo que garantiza una cocción suave y uniforme.

Pero, ¿sabe usted cuál es el origen del nombre de esta técnica? Su invención se atribuye a una mujer alquimista que vivió en Alejandría en una época imprecisa, situada entre los siglos I y III de nuestra era. La historia la conoce como María la Judía, María la Hebrea, María la Profetisa o Miriam la Profetisa, y es considerada la primera mujer dedicada a la alquimia.

El término proviene del latín medieval balneum Mariae (baño de María), que pasó al francés como bain-marie y, posteriormente, al español. El médico y alquimista Arnaldo de Vilanova (siglo XIII) fue uno de los primeros en emplear la expresión en latín.

Aunque el calentamiento mediante agua hirviente ya se conocía con anterioridad, la invención del método específico para la alquimia se le atribuyó a esta científica, cuyo nombre quedó ligado para siempre al proceso. Curiosamente, la Real Academia Española señala que, al haber perdido los hablantes la conciencia de su origen etimológico, la forma más común y recomendada en la actualidad es escribir «baño María» (con mayúscula inicial en el apellido, pero sin preposición).

Una vida entre el mito y la realidad

La escasez de registros directos ha envuelto la figura de María en la leyenda. Es una personalidad fascinante, rodeada de un profundo misterio, cuya vida se sitúa en un momento y lugar clave para la ciencia: la Alejandría del Egipto romano.

La principal fuente sobre ella es Zósimo de Panópolis, alquimista del siglo IV que la cita como una «sabia antigua». También aparece en textos de cronistas bizantinos y árabes posteriores. Se cree que gran parte de sus escritos se perdieron cuando el emperador Aureliano destruyó Alejandría en el año 272.

No obstante, su legado trasciende la leyenda gracias a sus invenciones prácticas, las cuales sentaron las bases de la química experimental:

El baño María: su invento más famoso, objeto de este artículo.

El tribikos: un alambique con tres brazos de salida que mejoraba la destilación, permitiendo separar y purificar sustancias con mayor eficacia.

  El kerotakis: un aparato de reflujo complejo diseñado para calentar sustancias (como mercurio o azufre) y utilizar sus vapores en reacciones con otros metales.

Además, se le atribuyen otros logros fundamentales, como el descubrimiento del ácido clorhídrico; el desarrollo de un proceso para crear sulfuro de plata (conocido como nielado) destinado a incrustaciones metálicas, y el diseño de sistemas de calentamiento con ceniza caliente o estiércol, ideales para obtener un calor suave y prolongado.

A diferencia de otros alquimistas obsesionados con la piedra filosofal, María destacó por su enfoque práctico y experimental. Por ello, muchos la consideran más una química o ingeniera química pionera que una alquimista tradicional. Su máxima, «uno se convierte en dos, dos en tres, y del tercero sale el uno como el cuarto», refleja su profunda visión sobre la transformación de la materia.

En resumen, aunque su biografía esté llena de incógnitas, su legado es innegable: no solo dio nombre a una técnica cotidiana, sino que sus inventos y su metodología la consolidan como una de las figuras fundacionales de la ciencia experimental.

Otros homenajes en la cocina

Más allá del baño María, existen numerosas técnicas y preparaciones culinarias que honran a sus creadores en su denominación. Un ejemplo es la salsa bechamel, que lleva el nombre de Louis de Béchamel, marqués de Béchamel y mayordomo del rey Luis XIV de Francia. Aunque la receta original se atribuye al chef François Pierre de La Varenne, fue el marqués quien la popularizó en la corte, y la salsa se bautizó en su honor.

Otro caso notable es el corte juliana: una técnica de corte en tiras finas que debe su nombre al chef francés Jean Julien, considerado el primero en publicar métodos sistemáticos para cortar vegetales. Originalmente se conocía como «a la manera de Julien», y con el tiempo derivó en «corte juliana».

Como se puede apreciar, muchos elementos cotidianos, incluidas diversas técnicas culinarias, poseen orígenes fascinantes que vale la pena conocer para ampliar nuestra cultura general. Como reza el antiguo refrán: «El saber no ocupa lugar».

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