Es probable que la mayoría de nuestros lectores conozca la técnica culinaria que consiste en cocinar sumergiendo un recipiente con alimentos en otro mayor lleno de agua hirviendo.
Así, por ejemplo, preparamos un delicioso dulce al cocinar la leche condensada dentro de su envase original. Mediante este método, los ingredientes no sufren el efecto del calor directo de la llama, lo que garantiza una cocción suave y uniforme.
Pero, ¿sabe usted cuál es el origen del nombre de esta
técnica? Su invención se atribuye a una mujer alquimista que vivió en
Alejandría en una época imprecisa, situada entre los siglos I y III de nuestra
era. La historia la conoce como María la Judía, María la Hebrea, María la
Profetisa o Miriam la Profetisa, y es considerada la primera mujer dedicada a
la alquimia.
El término proviene del latín medieval balneum Mariae (baño de María), que pasó al francés como bain-marie y, posteriormente, al
español. El médico y alquimista Arnaldo de Vilanova (siglo XIII) fue uno de los
primeros en emplear la expresión en latín.
Aunque el calentamiento mediante agua hirviente ya se
conocía con anterioridad, la invención del método específico para la alquimia
se le atribuyó a esta científica, cuyo nombre quedó ligado para siempre al
proceso. Curiosamente, la Real Academia Española señala que, al haber perdido
los hablantes la conciencia de su origen etimológico, la forma más común y recomendada
en la actualidad es escribir «baño María» (con mayúscula inicial en el
apellido, pero sin preposición).
Una vida entre el
mito y la realidad
La escasez de registros directos ha envuelto la figura de
María en la leyenda. Es una personalidad fascinante, rodeada de un profundo
misterio, cuya vida se sitúa en un momento y lugar clave para la ciencia: la
Alejandría del Egipto romano.
La principal fuente sobre ella es Zósimo de Panópolis,
alquimista del siglo IV que la cita como una «sabia antigua». También aparece
en textos de cronistas bizantinos y árabes posteriores. Se cree que gran parte
de sus escritos se perdieron cuando el emperador Aureliano destruyó Alejandría
en el año 272.
No obstante, su legado trasciende la leyenda gracias a sus
invenciones prácticas, las cuales sentaron las bases de la química
experimental:
El baño María: su invento más famoso, objeto de este
artículo.
El tribikos: un
alambique con tres brazos de salida que mejoraba la destilación, permitiendo
separar y purificar sustancias con mayor eficacia.
El kerotakis: un aparato de reflujo
complejo diseñado para calentar sustancias (como mercurio o azufre) y utilizar
sus vapores en reacciones con otros metales.
Además, se le atribuyen otros logros fundamentales, como el
descubrimiento del ácido clorhídrico; el desarrollo de un proceso para crear
sulfuro de plata (conocido como nielado) destinado a incrustaciones metálicas,
y el diseño de sistemas de calentamiento con ceniza caliente o estiércol,
ideales para obtener un calor suave y prolongado.
A diferencia de otros alquimistas obsesionados con la piedra
filosofal, María destacó por su enfoque práctico y experimental. Por ello,
muchos la consideran más una química o ingeniera química pionera que una
alquimista tradicional. Su máxima, «uno se convierte en dos, dos en tres, y del
tercero sale el uno como el cuarto», refleja su profunda visión sobre la
transformación de la materia.
En resumen, aunque su biografía esté llena de incógnitas, su
legado es innegable: no solo dio nombre a una técnica cotidiana, sino que sus
inventos y su metodología la consolidan como una de las figuras fundacionales
de la ciencia experimental.
Otros homenajes en la
cocina
Más allá del baño María, existen numerosas técnicas y
preparaciones culinarias que honran a sus creadores en su denominación. Un
ejemplo es la salsa bechamel, que lleva el nombre de Louis de Béchamel, marqués
de Béchamel y mayordomo del rey Luis XIV de Francia. Aunque la receta original
se atribuye al chef François Pierre de La Varenne, fue el marqués quien la
popularizó en la corte, y la salsa se bautizó en su honor.
Otro caso notable es el corte juliana: una técnica de corte
en tiras finas que debe su nombre al chef francés Jean Julien, considerado el
primero en publicar métodos sistemáticos para cortar vegetales. Originalmente
se conocía como «a la manera de Julien», y con el tiempo derivó en «corte
juliana».
Como se puede apreciar, muchos elementos cotidianos,
incluidas diversas técnicas culinarias, poseen orígenes fascinantes que vale la
pena conocer para ampliar nuestra cultura general. Como reza el antiguo refrán:
«El saber no ocupa lugar».


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